El racismo y el odio antigitano mata, amenaza la vida y afecta directamente la salud de los miembros de nuestras comunidades rromanies.

Entre los datos que aporta la FRA, Agencia de Derechos Fundamentales (FRA) de la Unión Europea destaca que los gitanos en la UE, unos seis millones, viven de media diez años menos que la población general; o que el 80 % sufre riesgo de pobreza, frente al 17 % de la población total, uno de los aspectos que no mejoró desde 2016.
Según el Eurobarómetro, más de la mitad de los encuestados afirman que en su país existe una discriminación generalizada por ser rromaní (65%), color de piel (61%), origen étnico (60%), identidad de género (ser transgénero, 57%). u orientación sexual (54%). Alrededor de uno de cada cinco (21%) encuestados dice que se ha sentido personalmente discriminado o sufrido acoso en los últimos 12 meses. Las formas de discriminación o acoso más mencionadas se basan en la edad, el género, las “opiniones políticas”, la “situación socioeconómica” y la “apariencia física general”. Los espacios públicos y el trabajo son los principales lugares donde ocurre la discriminación o el acoso.¨
Una gran cantidad de investigaciones psicológicas muestran que la discriminación puede exacerbar el estrés. Además, el estrés relacionado con la discriminación está relacionado con problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión, incluso en los niños. La Asociación Estadounidense de Psicología (APA) destaca la conexión entre discriminación y estrés, junto con los impactos resultantes en las relaciones, el empleo y la salud en general.
Si analizamos los datos de las personas que ha declarado que sufren discriminación por su color de piel, origen étnico, identidad de género i/o orientación sexual, seguramente que, entre ellos/ellas, encontraremos un porcentaje alto de mujeres gitanas. La discriminación que atraviesa a la mujer gitana es interseccional, por ser gitana, por ser mujer, en otros casos por ser migrante, por su color de piel, por su forma de vestir y por sobre todo por su identidad gitana.
Como resultado, el 65% de las personas que se han expresado que se han sentido discriminados por ser rromani se aumentaría, si se agregan los porcentajes de las personas que sufren de la discriminación interseccional.
Pero sobre todo el Antigitanismo es institucional y estructural.
La politica española y europea lleva más de 30 años que hace políticas para la inclusión social y la participación del pueblo gitano, insuficientes para reparar los daños de más 600 años de pragmáticas antigitanas, de persecución, de racismo e intentos de exterminio como fue la Gran Redada e Samudaripen.
El fracaso de las políticas públicas europeas se relaciona con la falta de un compromiso y voluntad real para combatir la discriminación antigitana. Las instituciones ejercen discriminación y son fuentes de desigualdad.
El hecho de que el antigitanismo se clasifica como el primer prejuicio y discriminación de los estados miembros demuestra que las políticas públicas para la inclusión social, económica y política del pueblo rromani son una hipocresía institucional.
Cumple casi 3 años la aprobación por parte del Congreso de los Diputados, el Pacto de Estado contra el Antigitanismo. ¿Hay un plan de seguimiento y de evaluación? ¿Cuándo empezara a dar solución a las denuncias de las personas gitanas que son víctimas de actos directos de discriminación?
Las conclusiones del último informe de la ECRI sobre España, publicadas en 2021, criticaban la falta de implementación de medidas para evitar las discriminaciones previamente detectadas contra la etnia gitana.
Un ejemplo claro del antigitanismo institucional es el hacer políticas desde la perspectiva de la igualdad.
El racismo institucional alimentado por la discriminación histórica durante más seis siglos

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